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El origen de la música (Filosofía de la Música)

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Cuando nos reunimos los cuatro en algún sitio con instrumentos

y tocamos como si fuéramos uno, no hablamos mucho.

Sólo tocamos hasta que logramos cierta sensación agradable,

luego le damos forma hasta completarla, dejamos que esas cosas vengan a nosotros.

 

(Jón Þór Birgisson, Sigur Rós)

 

 

Introducción

Música viene del griego ???????: el arte de las musas. ¿Quiénes son ellas? ¿Dónde está esa enceguecedora luz acústica que hace que algunos hombres se esclavizen consagrándose a ella como a una diosa? ¿en el estar-ahí material de la onda acústica?

La más perfecta filosofía es un burdo y tosco pincelazo al hablar de aquel arte antiquísimo, tanto o más que el hombre ¿hay hombres porque hay música o música porque hay hombres? Es casi imposible hacer imágenes de algo que sobrepasa cualquier entendimiento o sensibilidad, es tan lejano ese más allá tan próximo, que se vela ocultándose en lo cotidiano, igual que nuestro ser más profundo.

El presente ensayo pretende trazar unos casi mudos balbuceos sobre aquello que consideramos puede ser considerado como el origen de la música. Para esta tarea Hume y Heidegger serán, en las monstruosas profundidades de la ontología, nuestros virgilios. Del primero nos recargaremos en la parte epistemológica propuesta en el Tratado de la naturaleza que nos ayudará a delimitar los alcances de nuestro eje-pregunta toral: ¿cuál es la naturaleza ontológica de la música? Nos justificamos en la explicitación de Hume de no entrar en cuestiones de la filosofía natural para preguntarle al segundo filósofo en Ser y Tiempo lo que el primero afirma no resolverá: la naturaleza ontológica de la impresión acústica. Intentaremos traslapar el concepto humeano de ‘proporciones conjeturadas de lo habitualmente cotidiano’ (en donde la música es habituación a las proporciones musicales) con el concepto heideggeriano de los ‘modos del estar-en-el-mundo’ (donde la música sería algo derivado de la Aperturidad del Dasein, que es en ella donde se funda la estructura ontológica del estar-en-el-mundo).

Sin entrar en detalle, las semejanzas que nos motivan a elaborar una especie de continuidad entre los citados  filósofos es: el criterio de evidencia como criterio de  verdad y crítica a la verdad como adecuación, fenomenismo epistemológico, concepción del mundo como representación, crítica a la sustancialidad, la epistemología como un hábito o un modo del estar-en-el-mundo, etc.; sin embargo, la principal motivación es el hecho de haber encontrado en Hume el concepto de ‘proporciones que distingue la mente’ las cuales son sólo convencionalmente útiles, son totalmente falibles por ser derivadas de la experiencia y la creencia habitual. Este concepto de  ‘proporción habitual’ es utilizable para elaborar nuestro  análisis sobre la música, aunque no alcanza a responder la pregunta ontológica. Nos parece que justo donde Hume ve claramente sus límites epistemológicos (con el hábito como único y conjeturado conocimiento) es de donde parte Heidegger: la cotidianidad como principio metodológico de la analítica de la estructura ontológica del Dasein.

No pretendemos decir en el presente ensayo qué tipo de relaciones tonales y rítmicas pueden ser llamadas música, o decir cuál es la mejor música; sino cuáles son las estructuras ontológicas que posibilitan ese fenómeno tan demasiadamente humano, que incluso para algunas almas humanas es el único sentido de existir.

 

 

 

 

Índice

 

 

 

I.  Las proporciones del hábito: bases epistemológicas

 

II.  Palabras, máscaras mutantes: lenguaje como apariencia

 

III.  El estar-con ontológico: el antes del yo

 

IV.  Qué es hablar: escuchar-nos

 

V.  Quiénes son las musas: fuego cristalizante 

 

 

LEER ARTÍCULO COMPLETO:       http://es.scribd.com/doc/72175885/

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